Guadalcanal surca los mares de la música en homenaje a Ortega Valencia

La Banda de Música Nuestra Señora de Guaditoca dedicó su tradicional concierto de Santa Cecilia a la memoria del explorador Pedro Ortega Valencia

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Hay viajes que marcan nuestras vidas. Viajes que cambian el curso de la historia y también, viajes que resultan eternos. El que emprendió Guadalcanal en el día de ayer perdurará en el tiempo, porque será difícil borrarlo de la memoria, servirá para conocer, rememorar y a la vez volver a hacer historia, y en parte, también, cambiará la manera en que percibimos nuestra existencia.

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El Teatro Cine Municipal de Guadalcanal fue testigo de un nuevo homenaje a su más ilustre paisano, Pedro de Ortega Valencia. Aquel que partiera en 1540 a América, a la tierra conocida como Nueva España, y desde ahí, dos décadas después se embarcara en una expedición que cambiaría su vida, y también la nuestra. En 1567, allá en lo que hoy son las Salomón, bautizaba una isla con el nombre de su pueblo, Guadalcanal.

Un viaje maravilloso

En torno a este hecho, pero sobre todo a un viaje de ida y vuelta por el mundo, giró este homenaje hecho música que ofreció, en conmemoración a la festividad de Santa Cecilia la Banda de Música Ntra. Sra. de Guaditoca de Guadalcanal. El concierto, diseñado y dirigido por el director de la formación musical Francisco Javier Carrasco planteó un itinerario que se inició con la obra Highlights from Exodus, de Ernest Gold. Con ella zarpaba un barco de emociones, de sentimientos y también de historia. Esta era conducida, haciendo introducción en cada uno de los temas, por Javier Flores Fernández-Viagas, quien de manera magistral hizo alusión, hilando una bonita historia, a aquellos grandes nombres que ampliaron horizontes gracias a sus expediciones como pudieron ser Cristobal Colón, Magallanes, Elcano y, como no, Pedro de Ortega Valencia. Además, en un extremo del escenario se proyectaban viñetas de Jesús Rubio acerca de la expedición.

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Sueños y músicas del mundo

Hubo lugar también para los sueños, con la obra de Oscar Navarro para el documental Sueños de sal. En este segundo tema del concierto ya se ofreció un adelanto del potencial del mismo, pues hizo acto de presencia el Coro de la Universidad de Sevilla, el Coro Sacramental Cristo de las Aguas y el Coro Infantil de Guadalcanal. A partir de ahí el evento se sumergió en la fantasía del descubrimiento y en el poder de atracción del mar. En este maravilloso viajes hubo tiempo de recorrer otras tierras, y parar en el continente africano, zarpar el pacífico y danzar con la música caribeña. Antes del descanso, otra exhibición de talento, arte y buen hacer gracias al Coro de la Universidad de Sevilla y el Ave María Guaraní de Ennio Morricone.

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Un marino ilustre

Lo mejor, sin embargo estaba por llegar. Y si 1492 The Conquest of paradise dejaba a todos con la boca abierta, y Magallanes y su historia levantaban el vello del espectador, el tema que cerraba el concierto encumbraba a la banda, a su director, a Guadalcanal y al propio Ortega Valencia. Con la obra El ilustre marino, de Oscar Navarro se ilustraba el viaje de vuelta de nuestro paisano tras su descubrimiento y para ello se ponía de nuevo sobre el escenario a los coros y también la voz de María Granada Rubiano. A medida que el tema ascendía, el corazón de los presentes se aceleraba a golpe de tambor. Y es que eso era lo que sonaba de fondo. Tambores y cornetas que desde el vestíbulo, con paso marcial, se incorporaban recorriendo los pasillos del teatro para sumarse a la gran fiesta de la música.

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Al término del concierto el respetable en pie dedicó una sonora ovación a una banda que homanejeó no ya solo a Ortega Valencia, sino a la propia música. Un homenaje en forma de viaje que surcó los mares y que no zozobró en ningún momento. Un viaje que llegó a buen puerto, aunque durante mucho tiempo seguirá navegando en el recuerdo.

(c) José Ángel Fontecha.

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